Desde que paso todos los días mezclado con la multitud y veo lo que son los demás y cómo proceden, estoy mucho más contento de ser como soy. Indudablemente, puesto que nos han hecho de modo que todo lo comparamos con nosotros mismos, y a nosotros mismos con todo, o el bien o el mal está en los objetos que nos sirven para el paralelo, y, por lo tanto, nada me parece más pernicioso que la soledad.
Nuestra imaginación, propensa por su naturaleza a exaltarse, alimentada por las fantásticas imágenes de la poesía, se forja una serie de seres, entre los cuales ocupamos el último lugar, y todo nos parece más grande fuera de nosotros, y todas las personas más perfectas que la nuestra. Sin duda, esto es natural; a cada paso vemos que nos faltan muchas cosas, y precisamente lo que nos falta nos parece que otro lo posee; le atribuimos todo cuanto nosotros tenemos, y le encontramos, además, cierto atractivo ideal. Así, pues, este hombre feliz es perfecto; es la creación de nuestra fantasía.
Al contrario, cuando con toda nuestra debilidad y nuestros esfuerzos proseguimos nuestro trabajo sin distraernos, vemos con frecuencia que, caminando reposadamente y costeando, avanzamos más que otros a fuerza de velas y remos...Y, sin embargo, siempre está contento de sí mismo el que marcha al lado de los demás o logra adelantarse.